¿Tienen los archivos impulso archivístico?

Àngels Suquet i Fontana

Directora del Archivo Municipal de Sant Feliu de Guíxols y profesora de la ESAGED

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Lluís Juncosa. Crab Broth, 1988. Archivo Lluís Juncosa (MACBA). Imagen de la exposición “Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80”

Teresa Grandas es comisaria de “Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80”, que se puede visitar en el MACBA desde el 4 de noviembre del corriente año hasta el 19 de marzo de 2017. Esta exposición comprende el período entre 1977 y 1992, y propone una revisión crítica del uso de la cultura que realizaron las instituciones del gobierno en España durante la llamada transición democrática. Este proceso construyó una imagen modélica por pacífica, cuando en realidad evitó determinar responsabilidades políticas. La cultura sirvió como maquillaje para acentuar la apariencia de cambio y modernización, en lugar de optar por un análisis en profundidad de las heridas que la guerra y, posteriormente, la dictadura habían provocado en la sociedad. Los hechos que se plantean se muestran a partir de revistas, cómics y otras publicaciones, junto a propuestas “antiartísticas” de creadores que surgieron al margen del discurso oficial, cuestionándolo. Este proyecto es una muestra del interés por generar nuevas interpretaciones de las prácticas artísticas y su contexto a partir de documentos. Otra muestra la constituyen el archivo y la biblioteca del Centro de Estudios y Documentación del mismo museo. Inaugurado en diciembre de 2007, se ha especializado en fondos y colecciones que correspondan al ámbito cronológico de las actividades programadas por el museo. Estos conjuntos documentales pertenecen a personas y entidades relacionadas con el arte, pero además el centro cuenta con material editado como catálogos, carteles, invitaciones, libelos, fotografías, etc. Su misión es la promoción de la investigación y el conocimiento sobre prácticas artísticas contemporáneas mediante diferentes actuaciones y colaboraciones. Así, los documentos y los archivos constituyen un recurso para analizar el mundo y el arte desde el mismo arte.

Es éste un nuevo enfoque que, según Oriol Fontdevila, han plasmado autores como Hal Foster o Suely Rolnik, y que abre nuevas posibilidades para el arte de archivo, sustituyendo el uso del archivo como paradigma por el llamado impulso archivístico. Fontdevila publicó el 2015 “Estrategias de archivo” en Mur Crític, plataforma de la Asociación de Críticos de Arte de Cataluña. En este interesante artículo constata el agotamiento del arte de archivo que consiste en convertir el mismo archivo en una representación artística o en hacer que el arte genere nuevos archivos. Por contra, el impulso archivístico se basa en un concepto proactivo del archivo. Es decir, el archivo no es un mero receptor de documentos inactivos, sino un organismo que participa de manera consciente y activa en la construcción de la memoria, no sólo de la institución en la que se inscribe, sino también de la sociedad. Los archivos constituyen un repositorio de información en constante crecimiento y los documentos sirven en el presente para analizar el pasado con el objetivo de imaginar o decidir el futuro (Derrida, Jacques (1996): Mal de archivo. Una impresión freudiana. Trotta. Madrid). Según Fontdevila, el archivo constituye una especie de “hardware cultural” mediante el cual se configuran los códigos y las convenciones sociales (Foucault, Michel (1969). La arqueología del saber. Éditions Gallimard. París). La intervención en el archivo permite la transformación desde el interior del sistema, en oposición a la transgresión practicada antiguamente por las vanguardias.

En el impulso archivístico del arte los museos, los comisarios y los mismos artistas no pretenden actuar objetivamente ni pueden considerarse totalmente ajenos a las directrices del poder. Cada estamento tiene una función específica en la construcción de la memoria colectiva, pero cualquiera de ellos puede utilizar los archivos con distintos objetivos: legitimarse, analizar y criticar (deconstruir) o mediar, es decir, facilitar el intercambio de conocimiento/información a partir, por ejemplo, de plataformas, bases de datos o documentación de procesos. La mediación se ha convertido en el recurso por excelencia para poder ir más allá de la comprensión de una institución, un programa, una exposición, una práctica artística o una obra de arte. La mediación permite la deconstrucción de los criterios utilizados en cualquier ámbito o actuación. Ejemplos de archivos de mediación de las últimas décadas, según Fontdevila, son Arxiu Artistes (Centre d’Art Santa Mónica), Archivo de Creadores de Madrid (Matadero Madrid), Irradiador (Centre d’Art de Tarragona i Bòlit de Girona), Arxiu Polièdrica (LABMediació del Centre d’Art de Tarragona y colectivo Sinapsis), el consorcio MeLa, ¿Archivo Queer? (MNCARS), o Arts combinatòries (Fundació Antoni Tàpies). En este último caso, el archivo aporta documentos sobre la institución pero también información sobre los procesos (prácticas artísticas, producción, comisariados, mediación, etc.). El ejemplo de Artes combinatorias es paradigmático de la política de transparencia de los museos de arte contemporáneo en la actualidad, más allá de la mera documentación de las obras de arte. Estos archivos ofrecen infinitas posibilidades para la realización de proyectos. En “100% Golfes”, los comisarios Ingrid Blasco y Antonio Gagliano, propusieron a algunos finalistas de la convocatoria de 2013 del Premio Miquel Casablacas (Centre Cívic Sant Andreu de Barcelona) que preparasen intervenciones a partir del material reunido durante los 30 años de existencia del premio. Estos artistas consultaron documentación como fichas de inscripción, estadísticas, registros, correspondencia, fotografías, etc. para poder comprender obras que habían caído en el olvido.

Puede resultar sorprendente ver cómo el arte ha interiorizado algunas de las aportaciones de la archivística después de un largo período de profunda reflexión y deconstrucción: la contribución en la configuración de la memoria institucional y colectiva, la capacidad de constante renovación y dinamismo, la descripción del contexto a todos los niveles (productores, conjuntos documentales, procesos, objetos y/o documentos), la mediación para el acceso a la información, la transparencia en todos los procesos, el fomento de la investigación y el conocimiento.

Terry Cook escribió en diferentes artículos como la archivística y los mismos archiveros debían formular nuevamente sus antiguos conceptos a partir del Postmodernismo, a raíz de los cambios sociales y tecnológicos. Destaca la clarividencia de su “Archival Science and Postmodernism: New Formulations for Old Concepts”, publicado en Archival Science vol. 1, núm. 1(2000): 3-24. Cook replanteó conceptos básicos como el principio de procedencia, el orden original, documento, fondo, organización y descripción, evaluación, preservación y archivo. En general, destacó que ya no podían ser concebidos como elementos estáticos o pasivos, sino que son cambiantes y que dependen de las circunstancias o estructuras. Cook proponía abandonar el papel “descriptivo pasivo” para asumir un rol “mediador activo”. Creo que, en general, actualmente los archiveros somos conscientes de que la sociedad requiere que seamos activos dentro de nuestras organizaciones. También me parece que sabemos los requisitos que deben cumplir los documentos y los procesos de acuerdo con las exigencias tecnológicas actuales. La ley de transparencia y buen gobierno ha sacudido el acceso a la información pública y las competencias de los archiveros. Sin embargo, pienso que no hemos conseguido que, tal como plantea Cook, los archivos dejen de ser instituciones entre cuatro paredes para la custodia de viejos documentos sino archivos en Internet, sin limitaciones de acceso. Para conseguir la transformación de los archivos, deberíamos contar con recursos comunes en la Red que permitieran hacer efectivos los archivos virtuales y la difusión virtual de los documentos.

Como T. Cook propone, los archiveros deberíamos asumir plenamente nuestra función de creadores de la memoria colectiva y poner atención en las políticas de ingreso de documentos. Creo que deberíamos dejar de hablar de ingresos extraordinarios cuando se trata de fondos personales, de instituciones, entidades o empresas de productores externos a la institución del archivo, y planificar nuestras actuaciones en este ámbito para convertirlas en ordinarias, usando fórmulas imaginativas e incluso promoviendo la creación de nuevos conjuntos documentales. También en este ámbito me parece necesaria la aprobación de una normativa específica, la creación de recursos en la Red y la parametrización de unos procedimientos comunes, que permitan documentar todas las actuaciones. En ambos casos, mucho más allá de lo que pueda hacer cada archivero en particular, nuestro papel colectivo será posible cuando podamos actuar como una auténtica red y abandonar el aislamiento que tradicionalmente ha caracterizado la figura del archivero.

Así, pues, ¿Año nuevo, impulso archivístico nuevo?

Fuente: ESAGED

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