¿Por qué lo llaman auditoría cuando quieren decir gestión documental?

Vicenç Ruiz Gómez

Archivero del Arxiu Històric de Protocols de Barcelona y profesor de la ESAGED

 

Confeti.

Este fin de semana se han constituido los nuevos consistorios municipales, fruto de las elecciones del 24M. Uno de los ejes que ha dominado la campaña electoral, el de la transparencia, sumado a la primera alternancia política en varias legislaturas, ha tenido su corolario en forma de numerosas noticias de trituración de documentos. Aún está por saber si esas eliminaciones se han hecho o no de manera reglada. Es decir: informe de evaluación documental, acuerdo formal reflejado en alguna acta administrativa (sea de una junta de gobierno, del pleno o vía decreto de alcaldía) y, no menos importante para una rápida rendición de cuentas, su asiento correspondiente en el registro de documentación eliminada por parte del servicio de archivo.

Significativo que los medios de comunicación, al margen de hacerse eco de la polémica, no se hayan dirigido en ningún caso a los técnicos encargados de la gestión de la documentación municipal (a los archiveros), ni hayan preguntado sobre los instrumentos de control y descripción disponibles para saber, más allá de la declaración del político de turno, qué se ha destruido legalmente y qué no.

Es decir, contra este afán triturador las promesas de poner luz y taquígrafos, paredes de vidrio y levantar alfombras de las fuerzas que aspiraban a conseguir las alcaldías y algunos gobiernos autonómicos se han revelado inútiles. Ciertamente, sobra lirismo en el discurso político. Si en vez de usar metáforas, los partidos se arrogaran el utillaje conceptual del marco legal vigente (ojo a la osadía), todo quedaría más claro y la ciudadanía identificaría con mayor facilidad qué servicios hay que defender cuando se trata de garantizar el acceso a la información pública: ARCHIVOS. Igualmente, la multitud de iniciativas de auditoría ciudadana espero que hayan entendido que la mejor auditoría, la preventiva, es la gestión documental. La gran lección de la trituración de papeles debería ser esta: con sistemas de gestión documental integrales implantados, aún destruida la documentación, se tendrían evidencias suficientes. La trituración hubiera pasado de presunto ejercicio de ocultación de pruebas a mera performance artístico-conceptual. Igual de significativa para desvelar el bajo nivel de calidad democrática que tenemos, pero inútil a la hora de eludir presuntas responsabilidades delictivas.

Fuente: ESAGED

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