La cámara acorazada que protege el manuscrito original de la Constitución de 1978

La cámara acorazada que protege el manuscrito original de la Constitución de 1978

JAIME GARCÍA El ejemplar de la Carta Magna de 1978 original custodiado en la urna

A espaldas de los leones del Congreso de los Diputados se encuentra la entrada principal de las Cortes, cuya puerta regia —decorada con molduras y cartelas, y adornada con clavos cincelados— solo se abre cada cuatro años cuando los Reyes inauguran la legislatura, y en las jornadas de puertas de abiertas que se celebra este fin de semana. El vestíbulo principal aguarda al otro lado. La caja fuerte del archivo del Congreso guarda como oro en paño los originales de las ocho Cartas Magnas que se han redactado en la historia de España.

Una estatua de mármol de Isabel II —bajo cuyo reinado se construyó el Congreso— recibe a los visitantes. Es una de las piezas más representativas de la escultura romántica, obra de José Piquer, y también de las más «viajeras». Originalmente se colocó en la entrada principal, pero con motivo de la revolución de 1868 se trasladó a los sótanos. Con la llegada de la II República, en 1931, se envió al Museo de Arte Moderno, y no fue hasta 1983 cuando volvió a ocupar su lugar original, donde se encuentra ahora. A sus pies, se exhibe un ejemplar de «la Pepa», sobre la mesa en la que en 1812 se firmó la Constitución que ahora celebra su bicentenario.

El ejemplar de la Constitución de 1978 que protegido por la vitrina acorazada consta de 169 artículos, 4 disposiciones adicionales, 9 disposiciones transitorias, una derogatoria y otra final. Esto la convierte en uno de los textos más extensos del actual panorama europeo, ya que, la francesa de 1958, tiene 92 artículos; la Ley Fundamental de Bonn de 1949, tiene 146; y la Constitución italiana de 1947, consta de 139 artículos.

Ese ejemplar fue el que el premio Nobel Camilo José Cela se encargó de revisar gramaticalmente artículo por artículo. El escritor fue nombrado senador por el Rey en las primeras Cortes que se convocaban en plena Transición. «Como es de cajón, ignoro cómo acabaré portándome en el Senado, porque esto es algo ajeno al buen deseo. Yo tengo pocas ideas, pero claras, y pienso exponerlas mientras me dejen. Lo malo es que, a lo mejor, me acojono y me quedo más callado que un muerto. No creo que suceda, pero, por si acaso, cumplo con advertirlo a la afición», escribió.

Fuente: ABC

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